Infinita

Esta
palabra no muere. Se rehusa a ser la última de la historia y morir, así
nomás, siendo la última, como si fuese el último pingüino de la manada
que tiene que saltar al vacío, donde esperan el mar frío y las horcas.
Cobarde. Se siente cobarde y escapa. Aún inmune a los finales, miedosa y
temblorosa, huye hacia otra página en blanco, y se quedará ahí de nuevo
quieta, sola, acaso de rodillas, esperando a que la manada de palabras
llegue y la arrincone, para de nuevo huir a otra página en blanco, hasta
que el tiempo la haga saltar al vacío, donde esperan el mar frío y las
orcas.


Fábula

Fábula

Y tierra adentro entre las raíces, yace la semilla de un cuento. Reposa dormido en sus últimos segundos de gestación. Es muy pequeño aún. La historia es un embrión, un feto encogido, inofensivo pero valiente: y adentro de tanta raíz y oscuridad, hacia el centro de la Tierra: un corazón latiendo.

El cuento traga un poco de agua para desdoblar su primer tallo. Y con un rayo frío de sol este cuento de pronto, nace; aborta del útero esta historia aún en placenta; como capullo liberando la mariposa que ha de ir al horizonte para morir con dignidad. Rompe el cascarón con todas sus fuerzas. Primero asoma el tallo más pequeño, después una hoja se anima a brotar, a abrir los ojos todavía grises y traslúcidos. Este cuento es tan ingenuo como el venado recién parido a la tierra. Inútil, cuento aún inútil, no puede levantarse y caminar por si solo porque cree que ha nacido con los huesos rotos.


Impasible. Este cuento es impasible. Siente que tiene todo el tiempo del mundo para esperar un tren que ya se ha marchado. Ha de esperar a escuchar el grito de los gallos para echarse a llorar como todos los recién nacidos. Soltar el llanto como los débiles, como los fuertes y los tontos, como los mares y los cielos, o como el llanto de las constelaciones y estrellas blancas en plena lactancia; llorar como lo hace la hierba y los volcanes en santa cólera, o como la nube que llora el aguacero, también como el trueno o la aurora que nace en el reflejo del lago que espera también, como este cuento, impasible a que caiga la noche para soñar con nostalgia el primer minuto del universo.


El cuento lucha para asomar su agitada cabeza, abrir la boca, bostezar y pedir el primer alimento de la vida, cual águila recién nacida, ciega y sin plumas, temblorosa y finita, que pronto tendrá escapar para no ser devorada por la serpiente que le ha de esperar en la cima. Este cuento ha nacido. La vida ha llegado contigo.

Hola hola hola

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